QUÉ COMPRAMOS, QUÉ COMEMOS, A QUIÉN BENEFICIAMOS

ny-market

(En Nueva York, Estados Unidos) Volver a preguntarse el rol que tenemos como consumidores conscientes, responsables y activos, luego del debate sobre la polémica compra de Monsanto en manos, ahora, de Bayer. Una mirada crítica desde una de las ciudades reinas del hiperconsumo, pero también de multiplicidad de oportunidades de elección.

“Non GMO” dice la etiqueta de la mermelada que acompaña mis tostadas por estos días aquí en el bello verano que aún irradia y calienta la ciudad norteamericana de Nueva York. Apenas dos palabras que evidencian detrás un universo de lo posible, del cambio que se puede realizar, de la necesaria modificación que necesita el sistema alimenticio internacional. ¿De qué se trata? Esas tres letras de la sigla que, en inglés (GMO) o español (OGM), han preocupado a más de uno en los últimos años: genetic modified organisms, organismos genéticamente modificados. Aquí la certificación de orgánico o de “sin OGM” parece empezar a alcanzar la mayoría. ¿El por qué? Los consumidores.

El empezar ayer el día con esa etiqueta que parecía resaltar cualquier otro llamado del marketing en los productos se hizo más importante que nunca cuando, al leer las noticias, me encontré con lo que muchos ya nos temíamos podía ocurrir: Bayer compró por 66 mil millones de dólares a Monsanto. Es decir, una empresa que ya tenía en su cartera de productos a los agroquímicos ahora pasaría también a ser dueña del mayor productor de semillas (genéticamente modificadas, claro) y de su producto “estrella” o “temido”: el RoundUp. ¿Dos caras de una misma moneda? Quizás. ¿Un monstruo con dos cabezas? También. Pero lo más importante: una enfermedad y una cura a cargo de la misma compañía, de la misma billetera, de la misma responsabilidad.

Así ya me lo había anticipado en su reciente visita a la Argentina la periodista, investigadora y documentalista francesa Marie-Monique Robin, autora de El Mundo según Monsanto, para la charla que realizamos para Revista Sophia: “Hay que ver cómo sigue. Parece un poco extraño que Bayer compre a Monsanto, que es una multinacional con muchos problemas y juicios pendientes. Vamos a ver lo que pasa. Lo interesante es que si se hace esta compra vamos a tener una multinacional como Monsanto que contamina el ambiente con el glifosato, que es el producto más  tóxico de la historia industrial, en verdad un veneno tremendo; y una empresa como Bayer que va a poder vender los medicamentos para curar a la gente contaminada y envenenada por los productos de Monsanto. Es un buen negocio (risas irónicas)”. 

Lejos de entrar en lo ya obvio de la cuestión y en el ya evidente poder de estas empresas, me gustaría poner hoy el énfasis en la otra cara de la cuestión que muchas veces parece nos olvidamos: nuestro rol como consumidores activos.

Viajar es abrir la mente y los ojos a lo desconocido o a lo conocido, pero de distinta manera. En cada uno de mis viajes (en su mayoría por trabajo, como el que aquí me tiene), aprovecho para tener los ojos bien abiertos sobre las posibilidades que la ciudad ofrece en materia de sustentabilidad. Y claro que, lejos de ser inocente, soy plenamente consciente que Nueva York es una de las urbes del hiperconsumo por excelencia. Eso es algo que todos ya sabemos sobre el modo de vida de un estadoudinense. O sino acaso, ¿por qué, si todos tuviéramos un estilo de vida como un norteamericano, se necesitarían hasta cinco planetas Tierra para poder satisfacer nuestras necesidades?

Pero si hay algo en lo que también esta impactante ciudad me sorprendió fue en la diversidad de posibilidades para quienes buscamos realizar un consumo más consciente y responsable. No hay restaurante al que fui en el que no haya una opción para vegetarianos y veganos. Lo orgánico parece empezar a tener cada vez más lugar y se observa hasta en los carteles que, desde las calles, buscan invitar a los transeúntes a ingresar. Incluso las alternativas gluten-free para los alérgicos a ciertos alimentos ganan terreno en un mundo donde aún su demanda es minoría. Hasta la compra de un chocolate en la noche para ver una película con una amiga se transformó en la posibilidad de apostar a lo orgánico en el kiosco más barrial que podríamos haber encontrado. Opciones y más opciones. La clave está en elegir, pero antes en algo aún más importante: informarse, conocer, interesarse.

Aquí como en cada vez más ciudades de América Latina abundan las cadenas de café, de comida rápida y hasta de clásicos de la región, también empiezan a tomar su lugar de importancia tiendas de producción orgánica; locales que no guardan para mañana lo que sobró hoy ni lo tiran, se lo dan a los que más lo necesitan en la calle; una cultura donde pedir lo que sobró de la mesa en el restaurante no es una rara excepción sino una común y aceptada costumbre. Lejos de idolatrar a la ciudad, estos días de viaje aquí en un contexto de preocupación por este “monstruo de dos cabezas”, me invitó a reflexionar sobre aún el gran poder que tenemos como consumidores.

Somos nosotros los que podemos seguir optando por mermeladas hechas con organismos genéticamente modificados o por aquellas que apenas tienen en su lista de ingredientes frutilla orgánica y azúcar orgánica. Somos nosotros los que podemos elegir ir a una cadena internacional o invertir nuestro dinero en los productores locales. Exigir información en etiqueta, en la comunicación de las empresas y emprendimientos, en la forma en la que elaboran los productos es la clave para que cada vez haya más datos y más opciones que satisfagan nuestras necesidades de una forma más armónica con el planeta y con quienes trabajan la tierra.

Las “ciencias de la vida” no están detrás de productos alterados que contaminan el ambiente y dañan la salud, ni tampoco en remedios creados justamente para esas mismas dolencias y enfermedades que “se fabrican en laboratorio”. Las ciencias de la vida están en comer saludable, natural, en hacer ejercicio y seguir un ritmo de vida en armonía. En uno y otro caso, productor y consumidor, a veces no queda más remedio (valga la redundancia de la cuestión) que…  hacer lo correcto…

20160913_175826

Vía sustentator.com

Si estas interesad@ en temas sobre eficiencia energética te recomendamos que visites nuestro Blog  www. fomentoterritorial-eficienciaenergetica.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *