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Una ciudad sostenible durante 100 años

Ubicada en 19 hectáreas de terrenos en una antigua fábrica de Panasonic a 50 kilómetros de Tokio, el fabricante japonés ha inaugurado el proyecto de Fujisawa SST, el cual lidera acompañado de otras compañías.

Todavía con algunas fases en construcción, los primeros habitantes de esta ciudad que aspira a convertirse en referente siendo sostenible durante 100 años, ya se han mudado a alguna de las 1.000 casas que tendrá en 2018 esta ciudad avanzada.

En ella Panasonic probará a gran escala todo su equipamiento de gestión de energía para conseguir reducir el gasto energético hasta un 70% en los hogares y un 20% en los sitios comunes.

¿Cómo será la ciudad sostenible del futuro?

Coches eléctricos y compartidos

Una de las partes esenciales de esta ciudad avanzada que promueve Panasonic es el transporte. Se ha creado una zona de viviendas unifamiliares donde podrán vivir aquellas personas que no sean propietarias de automóviles y prefieran usar un sistema basado en compartir vehículo o alquilar cuando lo necesiten.

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Estas zonas no tendrán garaje, que será sustituido por zonas de aparcamiento para cada 10 o 20 casas donde se encontrarán los vehículos eléctricos a compartir con sus zonas de recarga.

El diseño de la ciudad se ha distribuido para aprovechar los recursos naturales, y la orografía es totalmente favorable para el peatón, que puede moverse usando bicicletas eléctricas.

 

Gestión centralizada de la energía y los servicios

El primer estrato que Panasonic ha propuesto para esta ciudad es el encargado de todo lo relacionado con la energía. La base de la generación de la energía que necesita la ciudad es la solar, con instalación de placas en cada vivienda y zonas comunes. También se encarga de producir electricidad y agua caliente unas células de combustible de gas natural y aire.

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Esa energía se almacena en baterías eléctricas y sistemas de bombas de calor que reutilizan el calor disperso para reducir el consumo en cada hogar.

 

La iluminación también aporta en la búsqueda de esa reducción de consumo y emisiones con sistemas que mediante sensores detectan la luz exterior y adaptan la interior en función de la demanda. El aire acondicionado también recurre a sensores para detectar la presencia y actividad de las personas y regular su funcionamiento.

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En cuanto a la seguridad, habrá un sistema de vigilancia con cámaras que se activan con el flujo de peatones y vehículos.

Aquí un vídeo de la ciudad sostenible Fujisawa.

Vía Xataka

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Urbanismo ecológico

Eco-urbanismo y sostenibilidad

Cada vez más las ciudades se comprometen en adoptar medidas a favor de políticas de sostenibilidad. Sin embargo, es evidente que bajo el nombre de sostenibilidad se dan concepciones a veces dispares.

Aplicar en la construcción y el urbanismo criterios de sostenibilidad significa adoptar diseños y tecnologías que permitan reducir el derroche de materiales y energía actual, pero que además eviten los focos de contaminación y contribuyan a la salud física y emotiva de sus habitantes.

Rediseñar la ciudad

El diseño de asentamientos humanos debería crear un ambiente particular para que estos aprovecharan al máximo las bondades del entorno y minimizaran las amenazas. La mayor parte de los pueblos y ciudades en Europa se organizan sobre territorios históricos con una dilatada interacción entorno-sociedad humana. Son pocas las ocasiones en que se parte de un suelo urbanizable libre de condicionantes ya sean ambientales, sociales o económicos. Esta es la razón por la que hay muy pocos ejemplos de urbanismo con criterios de sosteniblidad o también eco-urbanismo.

¿Cómo debe de ser un diseño urbanístico ecológico?

De forma resumida el diseño urbanístico ecológico en primer lugar atiende a una distribución de las edificaciones que les permita aprovecharse la captación pasiva solar y así, sacar provecho de los potenciales energéticos, ya sean del suelo (geotérmicos) o geográficos (ventilación cruzada).

Debe organizar los espacios

Los espacios que rodean a los edificios deben organizarse para que sean capaces de variar el microclima y que además contribuyan a aumentar el nivel emotivo de sus habitantes. La felicidad de las personas tiene mucho que ver con la calidad de un buen diseño urbanístico.

La movilidad

La organización de la trama territorial se estructura para que la movilidad de personas y mercancías pueda minimizarse o bien sea con medios que ahorren energía.

En este sentido, la combinación de diferentes usos (residencial-laboral, ocio-residencial) facilita el uso de vehículos ligeros, no contaminantes o una red de transporte colectivo, y determina así el gasto de energía y recursos naturales.

Edificios que funcionan

Un urbanismo ecológico no puede dejar al margen la captación de energía, el uso y reciclaje del agua y el tratamiento de residuos. En estos tres ámbitos, a menudo se puede intervenir desde un punto de vista del diseño territorial.

La estructura de los edificios

Esta puede facilitar que estos sean captadores de energía solar  o puedan aprovechar el viento si tienen alturas mayores.

El modo en que canalizamos las aguas pluviales y las separamos de las aguas grises o negras, el tratamiento de depuración realizado a partir de depuradoras biológicas verdes que a su vez actúan como zonas verdes de ocio, son algunas de las posibilidades de cómo la gestión del agua puede mejorarse con el eco-urbanismo.

La correcta gestión de los residuos tanto de la construcción como domésticos está muy condicionada por el urbanismo. En calles estrechas, sin chaflanes, en tramas urbanas con pocas plazas o espacios verdes la ubicación de islas de reciclaje, espacios para el compostaje comunitario o centros de aportación de residuos valorizables se complica enormemente.

Respetar el entorno natural

El eco-urbanismo debe atender una premisa solidaria puesto que la ocupación territorial para la implantación de un asentamiento humano debería comportar siempre la restitución o adecuación de espacios re-naturalizados para preservar la biodiversidad.

La presencia de biotopos, marismas o bosques urbanos permiten que dispongamos de espacios para la educación a favor del medio y a la vez mantener espacios con vida silvestre, pues esta contribuye al reequilibrio emocional de las personas.

Los éxodos de fin de semana de la mayoría de las grandes metrópolis están muy relacionados con la falta de espacios naturales dentro de la propia trama urbana o lugar de residencia de las personas.

Aprender de la naturaleza

Algunos de los elementos de diseño ecológico se basan en la promoción de medidas de eficiencia energética y ahorro energético en el diseño arquitectónico de forma que, desde la tipología de iluminación hasta los cerramientos (ventanas y aberturas), hayan sido diseñados para no dejar escapar el calor.

La ventilación cruzada que se consigue gracias a una buena orientación del edificio o a un aprovechamiento de las cubiertas para la captación de la energía solar o contribuir a incrementar los espacios verdes con cubiertas vegetales son algunas de estas posibilidades para una ciudad más sostenible.

Un buen ejemplo de la edificación sostenible lo podemos encontrar incluso en la ciudad de Nueva York. Cada vez son más las posibilidades de cómo contribuir a un futuro más ecológico en las ciudades.

El diseño de las futuras urbes debería inspirarse en la naturaleza. El estudio de los modelos de la naturaleza para luego imitarlos o tomarlos como fuente de inspiración en el diseño de tecnologías y procesos para solucionar los problemas humanos es sin duda una de las mejores opciones para implementar la sostenibilidad.

Es evidente que en los 3,8 mil millones de años de evolución, la naturaleza ha aprendido a solucionar todo tipo de problemas vitales. La arquitectura, la ingeniería y la biología precisan unir sus esfuerzos para lanzar una nueva revolución en el diseño urbano basado en diseños más naturales.

El camino está iniciado, ejemplos

El barrio de Kronsberg, cerca de Hamburgo, la ciudad de Friburgo, ambas en Alemania,  Fujisawa, en Japón, se pueden citar como ejemplos de eco-urbanismo y bio-construcción. También otras ciudades están apoyando proyectos de remodelación de barrios adoptando criterios ecológicos no sólo en la construcción de las viviendas sino también en la planificación territorial de los mismos.

Este es el único camino posible para vivir de una forma saludable.

Vía terra.org

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Ciudad que se come,sostenibilidad

Una ciudad comestible

La localidad alemana de Andernach sustituye sus zonas verdes tradicionales por huertos cuidados por los vecinos, que pueden llevarse gratuitamente los productos cosechados.

Iniciativa sostenible de Andernach

Cuando Thomas Manz quiere cocinar unas verduras u hortalizas, coge su cesto, sale a la calle y las recolecta en alguno de los espacios públicos de su localidad, Andernach, una población de unos 30.000 habitantes al norte del estado alemán de Renania-Palatinado. Se hace con una col, unos calabacines o cualquier otro producto que ya esté en su punto y se los lleva a su cazuela.“Vengo un par de veces por semana y me dejo inspirar por lo que encuentro”

Los vecinos de Andernach pueden proveerse de los vegetales que crecen en los huertos que ya cubren una quinta parte de los parques, jardines y zonas verdes de la villa. Tomates, uva, calabazas, manzanas, pimientos, lechugas, fresas, hierbas aromáticas, incluso cereales y numerosas flores de colores prosperan en lugares como el paseo que sigue la orilla del Rin o el foso del viejo castillo medieval a la espera de que cualquier ciudadano acuda a recogerlos para aportar a su dieta unos ingredientes ecológicos, de insuperable proximidad y totalmente gratuitos.

Los cultivos cubren ya 8.000 M2 en el centro y unas 13 hectáreas en las afueras

El Ayuntamiento financia el mantenimiento de los cultivos, del que se encarga un equipo de veinte exparados de larga duración que reciben un pequeño salario a cargo de subsidios federales, y el presupuesto municipal incluso ahorra dinero, ya que el cuidado de estos espacios, que no es preciso replantar una o más veces al año, resulta mucho más económico que antes, admite el alcalde Achim Hütten.Los inicios no fueron fáciles para el impulsor de la idea, el funcionario de la Oficina de Planificación Urbana Lutz Kosack.

“Los políticos se oponían: temían que los espacios verdes se echasen a perder o se deterioraran, tenían miedo al vandalismo, y al rechazo de la ciudadanía”.

Las dudas se disipan cuando hay buenos resultados

Vieron que 100 tomateras plantadas en un parterre a orillas del río salían por poco más de un euro y medio la unidad, mientras el mantenimiento del banco que había allí antes, por actos vandálicos, llegaba a costar 500 euros al año al contribuyente. Un metro cuadrado de tulipanes que había que replantar continuamente, o sustituir por otras flores, costaba 60 euros al año. Los arbustos que lo ocupan ahora le cuestan a la ciudad 10 euros, y encima proporcionan frutos.

Cuando vieron el entusiasmo con que los vecinos acogieron el proyecto de la Ciudad comestible, lleva desde la primavera de 2010, los ediles desterraron ya todas sus dudas, y se dieron cuenta de que desde el consistorio también se podrían recoger –literal y figuradamente– sus frutos.

También Ovejas y gallinas

Poco a poco, en Andernach, los letreros de “No pisar la hierba” fueron siendo sustituidos por los de “Coja lo que quiera”.

Kosack logró ir reemplazando los aburridos setos y parterres o “cementerios de plantas” como los llamaba, por huertos donde bulle la actividad, humana, animal y vegetal.

El paisaje cambia radicalmente en cada estación. “Es algo fantástico: pasar las vacaciones aquí es mejor que ir a Italia”, manifestaba una veterana residente a la TV pública alemana.

En total, los cultivos cubren ya unos 8.000 M2 urbanos de Andernach. Además, alrededor de la ciudad se extienden otras 13 hectáreas de terrenos municipales donde, a cargo del erario público, se practican ecológicamente la agricultura y la ganadería (con felices pollos y ovejas que se alimentan entre flores).

Los productos de origen animal (carne y huevos) no pueden recogerse a voluntad, deben adquirirse en una eco-tienda a precios subvencionados.

La ciudadanía se ha involucrado muy activamente en el proyecto y ello ha abaratado enormemente sus costes. Muchos vecinos cavan, siembran, riegan, podan y, por supuesto, cosechan en los huertos.

Se organizan apasionados debates sobre qué plantar en cada parcela, o cómo hacerlo. Incluso quienes no participan directamente en las labores hortícolas miman y respetan igualmente las plantas, que crecen en parajes que antaño eran urinarios nocturnos o estaban cubiertos de basura.

“La gente es consciente de que otras personas van a comerse las cosas que crecen allí”, dice Kosack.

Como no todos los beneficiarios del proyecto tienen el mismo nivel de conocimientos agrarios, ya que muchos desenterraban las patatas antes de tiempo, o arrancaban frutos todavía por madurar, se han protegido algunas plantaciones del libre acceso de los viandantes.

Ahora, los padres de la iniciativa se plantean colocar una red de semáforos que informarán de si determinado producto está ya listo para su consumo o si todavía debe aguardarse a que se complete su ciclo vital.

Kosack y Boomgaarden apostaron por la sensibilización como una de las claves del proyecto.

Otros proyectos sostenibles a través de la sensibilización

El proyecto Gran Abeja ha llevado la apicultura a sus escuelas, donde los alumnos cuidan de colmenas y plantan especies vegetales ricas en néctar para ayudar a sobrevivir a las polinizadoras.

También apuestan por la educación en la biodiversidad agrícola. Así, en 2010 se llegaron a plantar a los pies del castillo un centenar de variedades distintas de tomates. En 2011, 100 variedades de judías. Y en 2012, 20 clases distintas de cebollas. Y se han recuperado especies autóctonas que estaban al borde de la desaparición, como la manzana Namedia Gold o la almendra de Renania.

El éxito del experimento, que ya ha recibido un gran número de premios por su contribución al desarrollo sostenible, la alimentación saludable, a la lucha contra el cambio climático y al impulso de nuevas formas de participación social, se está haciendo contagioso.

Más de 300 localidades y municipios de Alemania, Países Bajos, Suiza o Austria, incluso de Sudáfrica y Australia, han pedido información sobre el proyecto. Algunas, como las germanas Minden, Kassel o Waldkirch, o la austriaca Kirchberg y Wagram, ya se están volviendo también ciudades comestibles.

Hay que reconocer, que si se quiere, se puede.

Vía http://www.ecoavant.com/

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